sábado, 31 de octubre de 2009

El sábado 7, peña solidaria

COMUNICADO DE PRENSA

Las organizaciones sociales, gremiales, de derecho humano y políticas que integramos el Comité de Apoyo a las Obreras y Obreros de Terrabusi – Kraft de Lomas de Zamora, frente al ataque de la empresa multinacional yanqui realizada a sus trabajadores, expresamos toda nuestra solidaridad de clase para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras de la empresa. Y hacemos llegar nuestro apoyo a las decisiones que el conjunto resuelva en los ámbitos democráticos que crean conveniente, dentro de la fábrica y en el Comité de Apoyo a los despedidos y suspendidos que funciona en la puerta de la fábrica.

Desde este Comité nos pronunciamos:

- TODOS SOMOS OBRERAS Y OBREROS DE TERRABUSI – KRAFT.

- REINCORPORACIÓN ¡YA! A SU LUGAR DE TRABAJO DE TODOS

LOS DESPEDIDOS Y SUSPENDIDOS.

- NO A LA REPRESIÓN. FUERA LA POLICÍA DE LA FÁBRICA.

SÁBADO 7 PEÑA SOLIDARIA

de 21 a 01hs. en el colegio Instituto Lomas Meeks 654 Temperley.

Conjuntos musicales, baile y buffet.

ORGANIZA:

COMITÉ DE APOYO A LAS OBRERAS Y OBREROS DE TERRABUSI – KRAFT de Lomas de Zamora.

A.T.E. Seccional Gran Bs. As. Sur - Lomas de Zamora; Agrup. V. Choque de ATE; Agrup. Bordo FFCC Roca; Agrup. docente “4 de abril”; Encuentro Sindical de Base; MTR-CUBA; M.I.D.O.; Agrup. Barrial “V. Choque”; Fte. Popular “Darío Santillán”; F.O.L; Foro Hídrico; Ce.Pro.D.H; C.A.De.P.; Multisectorial “Chau Pozo”; Radio Tucural; Encuentro de la Resistencia Indígena, Barrial y Campesina; Mov. Juvenil “CHE” Guevara”; Colectivo Rompecabezas; Corriente Pol.– Sin. Rompiendo Cadenas; Otro Camino para superar la crisis; Izq. Socialista; Conv. de Izquierda; M.I.R.; P.T.S.; M.A.S; P.R.(M-L); P.C.T.; F.O.S; P.O.

MÁS QUE NUNCA

Que la crisis la paguen los capitalistas


Lo peor de la crisis pasó”, repiten al unísono los voceros oficiales.

No pueden decir lo mismo los 400.000 compañeros que fueron despedidos en el último año.

Tampoco los que no llegan a la “canasta de pobreza” (1.600 pesos), que son el 40% de los argentinos.

Pero los que dan por fenecida la crisis se engañan a sí mismos.

La feroz competencia entre los pulpos para ver quién sobrevive se está dirimiendo con despidos, paritarias suspendidas y ritmos más intensos de trabajo.

Las cajas del Estado han sido vaciadas, precisamente, para pagar la deuda pública y para salvar a esos monopolios en crisis.

¡Hasta la General Motors fue subsidiada con los fondos de la Anses!

Ahora, quieren enjugar la quiebra fiscal con impuestazos y nuevos ajustes a la educación y la salud.

Pero, también, endeudando al país en condiciones de usura.

Para que el presupuesto 2010 banque a los nuevos y viejos usureros, tendremos que afrontar mayores tarifazos.

En cambio, no van a gravar al gran capital inmobiliario o terrateniente, que paga impuestos sesenta veces inferiores a lo que valen sus propiedades.

A pesar del gigantesco sacrificio que quieren imponerle al pueblo, la recuperación que pregonan no pasa de una nueva bicicleta financiera, que volará por los aires como todas las que la precedieron.

Para los pulpos y su Estado, la salida de la crisis es una excusa para la liquidación de los convenios, despidos sin costo, paritarias y sueldos congelados.

Más que nunca: ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

Prohibición de despidos y suspensiones. Reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario.

Salario igual a la canasta familiar, hoy en los 4.400 pesos. 82% móvil para los jubilados.
Que se reabran las paritarias.

Subsidio al desocupado equivalente al 82% de la canasta familiar.

Que la protección social se financie con impuestos al capital, no liquidando planes sociales ni con aumentos impositivos a los consumidores.

¡Abajo el ajustazo a los maestros y a la salud!

Impuestos progresivos al gran capital agrario e inmobiliario, de acuerdo con la valuación de mercado de sus propiedades.

Los maestros de la Capital y de Buenos Aires; los luchadores de la salud de Tucumán y Río Negro, los docentes y municipales de Córdoba; los obreros de Kraft y del Subte, de Mahle y tantas otras nos están diciendo quién tiene que pagar la crisis.

La redistribución de la pobreza

La proponen desde el Banco Mundial a Solanas

Cualquiera sea la propuesta, proceda del oficialismo o de la oposición, la ‘asignación’ que vendría a erradicar la pobreza de la Argentina será financiada por los trabajadores, no por los capitalistas. Por ejemplo, “se estima que otorgar 180 pesos mensuales por hijo significaría un costo anual de unos 31.000 millones de pesos, de los cuales unos 15.000 millones surgirían de redistribuir fondos asignados a políticas actuales de ayuda social” (La Nación, 26/10). Para la ‘asignación’ que propone Proyecto Sur, se calcula que, de los 31.500 millones necesarios “sólo habría que conseguir 10.500... el resto surgiría de recursos que están en planes como el Jefes de Hogar y el Familias, entre otros, y de la mayor recaudación impositiva por mayor consumo” (ídem). O sea que el 50% de los fondos saldría del bolsillo de las mismas familias que hoy están bajo el nivel de pobreza e indigencia, y el resto de los consumidores finales, no de los capitalistas.

Lo mismo ocurre con el plan de los 100.000 empleos para obra pública que ha lanzado el gobierno K a partir de las intendencias. Hay familias enteras que rechazan inscribirse en este plan porque dejan de ser beneficiarios del plan social que están recibiendo. De este modo, la financiación social de los pobres queda a cargo de los mismos pobres en forma directa, y en forma indirecta a través de los impuestos.

El Banco Mundial recomienda “el acceso a los beneficios del seguro de desempleo y a la seguridad social” (Clarín, 26/5), como contrapartida a los despidos en masa. El asesor de empresas Ernesto Kritz aconseja un plan de emergencia para la población más vulnerable, que asegure la canasta de alimentos básicos.

Denunciamos esta tentativa reaccionaria de redistribuir la pobreza que impulsan sin excepción desde el Banco Mundial hasta el centroizquierda, pasando por el gobierno y su oposición. Cualquier salida mínima a la miseria extrema pasa por un impuesto extraordinario al gran capital.

jueves, 22 de octubre de 2009

Aportes a la Conferencia Sindical que convoca el Partido Obrero

El próximo 14 de noviembre tendrá lugar una conferencia sindical convocada por el Partido Obrero, en la que participarán delegados e invitados de todas las provincias y de todas las concentraciones industriales de Argentina. En sus objetivos figura encarar las campañas que reclama la situación actual de la crisis capitalista y de las luchas, pero su objetivo de fondo es desarrollar una discusión sobre la estrategia de los luchadores sindicales. El texto que se va a leer es un borrador. En lo esencial, pretende caracterizar el presente histórico del movimiento obrero en Argentina y determinar una política y una táctica adecuadas a esta situación. Cuando más agudas y apremiantes son las luchas en curso, más resulta necesario caracterizar la situación de conjunto.

1. El movimiento sindical atraviesa una etapa de transición política. De un lado, la vieja burocracia sindical, ahora con el ropaje del moyanismo y de una CTA en parte kirchnerizada, asiste a una crisis irreversible. Del otro lado, se desarrolla de nuevo un movimiento clasista en los sindicatos, que tiene su origen en la emergencia del Cuerpo de Delegados del Subte, que arranca de antes del argentinazo, y la conquista de la jornada de seis horas, y en varias ocupaciones de fábrica contra el vaciamiento de empresas. La tarea que tiene por delante la nueva generación de luchadores es completar esta transición política para reestructurar al movimiento sindical sobre una base clasista.

La historia del movimiento obrero de Argentina ha estado marcada por sucesivas etapas de transición. No se trata aquí de mencionar a todas o a las más importantes, sino demostrar el esquematismo que confina al movimiento obrero a un largísimo período de inmovilismo político dominado por la burocracia sindical integrada al Estado y ligada al peronismo. En los últimos treinta años, el movimiento obrero ha conocido las siguientes etapas:

a) De un lado, la reestructuración de la CGT bajo la figura de Ubaldini, que arranca desde mucho antes de la retirada de la dictadura y que anticipa esa caída; del otro, el desarrollo de una tendencia parcialmente independiente de la burocracia sindical, que se manifestará, por sobre todo, en el ingreso de la corriente clasista de la Naranja, como tendencia autónoma, en la dirección Sindicato Gráfico; en la expulsión de West Ocampo del sindicato de la sanidad de la Capital; en el desarrollo de fuertes corrientes “naranjas” en la Uocra y en el surgimiento de una nueva dirección en la seccional de Neuquén, y en el cambio de dirección en Ctera (que pasa al control de la actual Lista Celeste). Esta etapa se cierra, en parte, con la derrota de la gran huelga indefinidida de docentes, en 1988, y con la capitulación de la nueva dirección de Sanidad ante la burocracia. Esta transición ingresa en una crisis profunda con la reestructuración que impulsa el gobierno de Menem en la dirección de la economía y de la política, concretamente, las privatizaciones y la convertibilidad. Este giro demuestra dos cosas: uno, que la transición política en los sindicatos se encuentra condicionada en forma estrecha con la evolución general de la crisis política en el país; dos, que el seguidismo político a la burguesía nacional y al peronismo, por parte del llamado progresismo sindical, ofreció un instrumento político para someter al movimiento obrero desde el Estado. Estas lecciones destruyen desde la raíz la tesis que sostiene la posibilidad de desarrollar un movimiento sindical clasista ligado a la burguesía nacional o incluso políticamente neutral;

b) El reordenamiento de las relaciones sociales que establece el menemismo inaugura una nueva transición sindical. De un lado, se establece una CGT ligada a las privatizaciones y a la defensa de la flexibilidad laboral, mientras del otro lado se desarrolla una oposición que tendrá a la cabeza un frente formado por el MTA (Moyano), la CTA (De Gennaro) y la CCC (el Perro Santillán). En este período, el clasismo se encuentra aislado y juega como segundo violín de las iniciativas del frente sindical de oposición a la burocracia de los ‘gordos’ de la CGT. El frente opositor se sumó al recambio político que impulsaba la burguesía afectada por la política menemista; este recambio se concretará con la victoria de la Alianza, en 1999.

Esta etapa se cierra enseguida después de la victoria de la Alianza con la movilización que convoca Moyano en febrero de 2000. Se rompe de este modo el frente de las direcciones opositoras, ruptura que es definitiva a partir de diciembre de 2001.

El período del gobierno de la Alianza puso de manifiesto los límites insalvables de la CTA, que opera como correa de transmisión del gobierno de turno, y que se manifestará en forma grosera en la oposición de sus dirigentes al levantamiento popular de 2001. El planteo de la CTA (pluralismo de centrales sindicales y sindicatos, y organización policlasista con la incorporación de las pymes y los sectores del capital agrario de la FAA a la central sindical) se agota en esta etapa como consecuencia de su responsabilidad en el gobierno de la Alianza.

En la actualidad, la burocracia de la CTA pretende obtener su reconocimiento gremial actuando como comparsa del kirchnerismo.

2. La transición actual está marcada por fenómenos diversos. Desde antes de la crisis de 2001 se produce la unificación nacional del movimiento piquetero, en el cual convergen numerosas organizaciones políticas y distintas expresiones de base del movimiento obrero. Por su militancia enérgica, el movimiento piquetero será, durante un período importante, el auxiliar principal de las manifestaciones de luchas de clases en las empresas y los sindicatos, como ocurre en el Subte y en las numerosas fábricas que enfrentan los despidos mediante la ocupación de las instalaciones. La combatividad que manifiestan los primeros núcleos sindicales que se desarrollan al margen de la burocracia reconoce la influencia del movimiento piquetero. En una primera fase de la crisis abierta en 2001, la burocracia sindical se mueve a la deriva. Con el ascenso de Kirchner encuentra un nuevo eje político: el gobierno K, su planteo de protección de la burguesía industrial mediante una moneda devaluada y, como moneda de cambio, la convocatoria de las paritarias y la modificación de unas pocas leyes laborales del menemismo (pero preservando la reforma laboral Banelco, que establece los convenios articulados y reglamenta la flexibilidad laboral). La reconstrucción del Estado que emprende el kirchnerismo habilita al moyanismo a: uno, tomar bajo su dirección a la CGT; dos, impulsar las movilizaciones de reencuadramiento sindical para plantear la nivelación hacia arriba de los convenios de trabajo. Esta acción le permite lanzar una ofensiva limitada contra la burocracia de los ‘gordos’ y el manejo de las cajas sociales. El frente moyano-kirchnerista se da a sí mismo un tono populista para clausurar el desarrollo piquetero, mediante la cooptación, y para contener las tendencias de izquierda en el movimiento obrero.

Agotamiento del kirchnerismo y crisis mundial

3. La transición política que se plantea ahora en el movimiento obrero es un resultado de factores concurrentes. Pero tienen una misma matriz política: el veloz agotamiento del kirchnerismo. De nuevo: el proceso sindical se encuentra condicionado por factores sociales y políticos de conjunto; esto no se debe perder nunca de vista. El kirchnerismo consolida la pérdida de poder adquisitivo del salario generada por la crisis de 2001. Con la inflación y la crisis mundial, el poder adquisitivo de los obreros sindicalizados ha vuelto a caer, mientras tienen lugar despidos masivos y suspensiones, en especial entre compañeros contratados. El agotamiento del periodo kirchnerista se manifiesta, en lo relativo a los sindicatos, en la suspensión de las paritarias, lo cual implica una ruptura del equilibrio inestable entre el Estado y las patronales, de un lado, y los sindicatos, del otro. Otra manifestación de la quiebra de este equilibrio es la impotencia oficial frente al vaciamiento patronal, como se ve en Massuh, Mahle, Civec y hasta en Paraná Metal, y en la crisis que sufren las gestiones de las empresas recuperadas existentes.

La crisis capitalista mundial abarca un extenso período, que cubre varias etapas –desde antes de la década del ’70. Todas las crisis nacionales fueron detonadas por tal o cual fase de la crisis mundial. La bancarrota capitalista que se desarrolla desde mediados de 2007 no es, por lo tanto, la interrupción de un proceso de estabilidad. La condición social de las masas sigue una curva descendente, zigzagueante en el tiempo y desigual según las categorías de trabajadores, desde hace cuarenta años. En el momento actual, a la ola de despidos determinada por la recesión industrial, la acompañan fuertes reestructuraciones laborales. La tendencia a salir de la crisis pasa por una acentuacón de la presión de las patronales. El mejor ejemplo son los planes de Kraft para sustituir los tres turnos por el turno americano de dos y su continuo desconocimiento de las categorías. Exactamente los métodos a los que se atribuyen la ola de suicidios en France Telecom.

La bancarrota capitalista priva de márgenes de maniobra a la burocracia sindical, la cual en todo el mundo, sin excepción, se ha adaptado a los planes de rescate de los capitalistas por parte del Estado. Su línea general es aceptar los despidos de contratados; apelar al seguro al parado; financiar las suspensiones con recursos estatales. Para la burocracia, aparentemente, la crisis sería de corta duración por obra de la intervención del Estado. Pero pretende desconocer que la recuperación está condicionada a una enorme reestructuración laboral contra el proletariado. El inmovilismo de las burocracias sindicales está produciendo, como consecuencia, estallidos parciales y localizados de numerosos contingentes de trabajadores en la mayor parte de los países y una crítica cada vez mayor a la burocracia. La crisis fiscal que provoca la bancarrota capitalista y las operaciones de rescate se comienza a manifestar en despidos de trabajadores del Estado y en huelgas generales de este sector. La transición en los sindicatos se manifiesta en todo el mundo de un modo vacilante e irregular, pero en muchos de ellos (Argentina, Brasil, México o Corea del Sur y hasta China) es una tendencia que pugna por abrirse paso.

Una nueva dirección

La culminación del tránsito político en cuestión consiste en la expulsión de la caduca burocracia sindical y en el desarrollo de una dirección revolucionaria. Este fue el planteo de los años ’70, cuando la tendencia clasista adquirió su mayor vigor. La transición no se completó debido a diversas limitaciones políticas y fue liquidada por la feroz derrota propinada por la dictadura militar. Hay que destacar que para poner fin a esa transición fue necesaria una modificación feroz del conjunto de las condiciones políticas. No fue contenida ‘pacíficamente’ por parte de la burocracia sindical (que, por otra parte, tuvo que aliarse a la Triple A) ni del movimiento peronista. En la situación actual, a diferencia de los ’70, ninguna de las corrientes que actúa en el movimiento obrero plantea el objetivo de una nueva dirección, de carácter clasista, lo cual es la expresión de una adaptación al marco democrático. Las distintas tendencias que se ubican en la izquierda del movimiento obrero, con excepción del Partido Obrero, plantean un desarrollo ligado a la CTA, a la cual le atribuyen un rol ‘protector’ (a pesar suyo) del crecimiento clasista. No es casual que esté ausente en la izquierda una caracterización de la transición sindical, o sea de sus tendencias agonizantes y de sus tendencias emergentes. La transición es un movimiento de negación de la situación existente. La transición expresa, por un lado, la disolución y descomposición del sindicalismo de colaboración de clases integrado al Estado y, por el otro, el desarrollo de una nueva perspectiva histórica en el movimiento obrero.

La CTA se encuentra integrada al Estado a igual título, aunque bajo formas diferentes, que la CGT. Desarrolla el colaboracionismo de clase en una forma incluso superior, pues sus estatutos prevén la integración de sectores autónomos, con la intención de neutralizar a los que se encuentran sindicalizados, o incluso a sectores que explotan trabajo asalariado. Desde el punto de visto político se ha asimilado a la burocracia de la CGT, pues forma parte del gobierno kirchnerista. La oposición interna al oficialismo en la CTA es muy variada, pero (a excepción del PO) es circunstancial, no de principios, pues no concibe a los sindicatos como escuela de la lucha de clases y de la revolución social. Al igual que en la CGT, están ausentes los planteos básicos de la democracia y autonomía sindicales: renovación y revocabilidad de mandatos; soberanía de las asambleas; plenarios de delegados con mandato; ruptura con el gobierno e independencia del Estado. No puede hacerse una distinción de principios entre las fracciones de Yasky y De Gennaro. En el conflicto agrario fueron apéndices de dos fracciones opuestas de la burguesía. La CTA ha fracasado en toda la línea como posibilidad alternativa; es, a todos los fines prácticos, un complemento de la burocracia de la CGT, con la cual comparte la dirección de varios sindicatos, por ejemplo, Foetra. El conflicto en Kraft no solamente la tuvo mirando desde la tribuna (mientras apoyaba, simultáneamente, otras acciones del gobierno), sino que puso de manifiesto su hostilidad a secundar, siquiera, una lucha que delimitó campos a nivel nacional. Esta descomunal incapacidad le salió por la culata, pues terminó en una ratificación de la negativa, de parte del gobierno, a concederle la personería sindical. Los supuestos protectores quedaron a la intemperie. Es consecuencia de su ilimitada cobardía política.

4. La transición política en el movimiento sindical tuvo en los últimos meses manifestaciones aleccionadoras. En el Subte, Kraft, Mahle, Massuh, Paraná Metal, Cive, Ingenio El Tabacal, los petroleros de Santa Cruz, docentes de Suteba. Recientemente, esta tendencia cobró un relieve extraordinario con la votación extraordinaria de la Lista Multicolor en las elecciones para Consejo en Suteba. Estos procesos, que la prensa devalúa como ‘internas’, son manifestaciones concretas de la tendencia a la disolución de la burocracia sindical y al desarrollo de un nuevo período político. En estos y otros miles de casos similares (papeleros, petroquímicos, varias seccionales metalúrgicas, mineros), la mediación de la burocracia (colaboración de clases) es quebrada por una tendencia de los trabajadores a reapropiarse de su organización.

Es una tendencia a la reorganización social y política sobre nuevas bases. Es por esto que esas movilizaciones evocan un movimiento de solidaridad abierto o difuso en las masas, e incluso crisis políticas. Al mismo tiempo, pone de manifiesto la crisis de la dominación política de la burguesía. Se ponen de manifiesto las contradicciones de la limitada democracia capitalista y de la conciliación de clases.

Otro aspecto de la disolución de la burocracia es su creciente implicación en corrupciones económicas que sacuden a la sociedad o su vinculación con actividades y con crímenes mafiosos. La mayor parte de la burocracia, incluida la de la CTA, se ha convertido en una casta semi-patronal o semi-capitalista.

La transición de la que estamos hablando está vinculada a una transición histórica más amplia, que la pone en perspectiva y determinada su contenido. Nos referimos a la bancarrota capitalista internacional y a la carga suplementaria que impone a las masas. Las reivindicaciones más elementales del período en curso (derecho al trabajo, ingreso mínimo igual al costo de la canasta familiar), así como aquellas que tienen que ver con las conquistas perdidas (recuperación de las ocho horas y del contrato laboral por tiempo indeterminado, control de los ritmos de producción, libertad de afiliación sindical); estas reivindicaciones son contradictorias y, en cierto punto, incompatibles, con el régimen capitalista; en todo caso requieren un despliegue de la acción directa de las masas. En estas condiciones, la transición sindical está presidida por un contenido anticapitalista. La crisis de conjunto del capitalismo pone en relieve el abismo que separa a las masas y al movimiento clasista de la burocracia sindical.

Programa y organización

5. La transición política en el movimiento obrero solamente puede ser completada a partir de un programa y por medio de una organización. Destacar de la forma más aguda su tendencia no debe hacernos pasar por alto su carácter embrionario. Esto significa que es necesario un sistemático trabajo de preparación, que puede verse apremiado por una aceleración del ritmo de la crisis y de la lucha entre las clases. Esta preparación necesita desarrollar las agrupaciones clasistas, por lo menos en los sindicatos principales. Significa un trabajo planificado para sortear las represiones de la patronal y de la burocracia; un trabajo de propaganda y formación política; la organización de la intervención en las luchas mediante la agitación y la organización. El llamado a formar movimientos nacionales, bajo la influencia de acontecimientos episódicos, está condenado al fracaso. Es necesaria una maduración política sobre la base de la lucha y de la organización.

Los nuevos movimientos sindicales no solamente existen como oposición en los sindicatos; tienen también expresiones dirigentes en distintos niveles, que han surgido con independencia de la CGT y de la CTA. Son los casos del Cuerpo de Delegados del Subte; de los ceramistas de Neuquén; de varias seccionales de Suteba; del nuevo cuerpo de delegados del Tabacal –más allá de esto, de numerosas internas en sindicatos como gráficos, papeleros, metalúrgicos, docentes, periodistas, no docentes, mineros, pintura, ferroviarios, televisión, telefónicos, docentes universitarios, neumáticos, carne, entre otros. No han nacido por la acción de ningún aparato, vieron la luz como consecuencia de la lucha. Su perspectiva objetiva apunta a expulsar a la burocracia de los sindicatos y organizar una dirección anticapitalista y revolucionaria. El planteo de contener estas expresiones parciales de nueva dirección en el campo de la CTA, para desarrollarse bajo su alero, equivale a su liquidación política. Este movimiento solamente puede desarrollarse por medio de la delimitación con la CTA, la cual es una burocracia que opera como una rueda auxiliar del Estado. Es necesario confrontar con el planteo ‘pluralista’ de la burocracia de la CTA, en primer lugar por medio de un programa, no escamotearlo. La crítica a la política de la CTA y la denuncia de su fracaso para ofrecer una alternativa a la burocracia de la CGT servirán para abrir un proceso de deliberación y debate. Esto significa que se convoque a un Congreso de bases de la CTA y de todos sus sindicatos, o sea un Congreso de delegados electos y con mandato. Con este planteo de Congreso de Bases, las nuevas direcciones clasistas podrían proponer un frente único a las corrientes combativas dentro de la oposición a la burocracia que existen, multivariadas, en la CTA. El planteo de una disolución dentro de la CTA está directamente ligado al abandono del planteo de una nueva dirección, de carácter clasista, del movimiento obrero.

Como se ha dicho, es necesario, en el próximo periodo, desarrollar las agrupaciones que ya existen o formar otras nuevas – por lo menos en los sindicatos principales– y, por lo tanto, desarrollar los instrumentos para su trabajo – en primer lugar los boletines o prensas sindicales– que en muchos casos deberán circular de mano en mano o en forma ‘clandestina’. En numerosos casos, estas agrupaciones se encuentran en relación con otras agrupaciones que también son críticas de la burocracia sindical, pero que actúan con otras bases y perspectivas políticas – como ya se señaló, la tendencia a la adaptación a la burocracia de la CTA y el retiro del planteo de una nueva dirección. En estos casos es necesario combatir el faccionalismo, que es siempre un factor desmoralizante en el trabajo sindical. La comprensión del carácter transicional de este período servirá para destacar los objetivos de conjunto del nuevo movimiento obrero y clarificar su política y sus métodos.

6. La conferencia sindical que convoca el Partido Obrero debe ser organizada minuciosamente, o sea con una discusión clara con todas las agrupaciones y activistas invitados, y preparada con reuniones e intercambios de opiniones, que se manifiesten en contribuciones y aportes al programa, desde todo origen. Entre los grandes temas, se apuntan: a) un programa de reivindicaciones frente a la crisis capitalista; b) una campaña para la reapertura de las paritarias con delegados electos; c) el destino de las fábricas recuperadas y la crítica a la autogestión bajo el capitalismo; d) el método de desarrollo de las agrupaciones sindicales; e) los métodos de una campaña nacional de apoyo a las luchas, como las que protagonizan el Subte, Kraft, Mahle y Paraná Metal, o el conflicto potencialmente explosivo de los pulpos del ramo con los trabajadores petroleros; y los métodos de una campaña por una huelga nacional de la CGT y de la CTA.

EL ESCRACHE A GERARDO MORALES EN JUJUY

Ahora se acuerdan de Milagro Sala…

Milagro Sala, jefa de la agrupación Tupac Amaru en Jujuy, atacó al senador radical Gerardo Morales y se hizo conocida, para su mal, en todo el país. Sin embargo, tiene una larga historia de matonaje: su agrupación es una fuerza de choque del kirchnerismo.

Sala pertenece a la comisión directiva nacional de la CTA y recibe en subsidios 124 millones de pesos anuales, que le sirven para ejercer en la provincia un rígido control social sobre una amplia franja de desocupados, en el que no falta nunca el más miserable matonaje.

Ahora, el ataque a una reunión radical en la que estaba Morales, como indica un comunicado del PO de Jujuy, “sacó a la luz pública el accionar de esta banda paraestatal, apañada tanto por el gobierno nacional como por el gobierno jujeño. En más de una oportunidad, el grupo de Sala se dedicó a reprimir a organizaciones populares independientes del gobierno. La función habitual del grupo de Sala, por lo tanto, es acallar la protesta social. En esas circunstancias, las provocaciones de Sala gozaron del puntilloso silencio del radicalismo y de todos los partidos del régimen”.

El grupo de choque de esta dirigente de la CTA fue avalado explícitamente por Cristina Kirchner en abril de este año, cuando la Presidenta viajó a Jujuy y visitó el local de la Tupac Amaru. Además de los subsidios millonarios, Sala maneja decenas de miles de planes de empleo y una cincuentena de cooperativas de vivienda, “que se transformó en otro terreno de maniobras fraudulentas, porque sus dineros no son manejados por cada cooperativa sino por la caja negra de Milagro Sala” (www.po.org.ar).

Hace cuatro meses, una movilización del Polo Obrero y la Corriente del Pueblo fue atacada por la banda paraestatal de Sala con piedras, palos y hasta machetes, con zona liberada por parte de la policía provincial, sin que el radicalismo abriera la boca. Ahora, Morales y compañía hacen un escándalo nacional porque recibieron de “la Mila” unos cuantos huevazos, pero siempre la apañaron cuando reprimió a organizaciones populares.

La UCR es parte de lo que ahora denuncia, porque el radicalismo ha tomado su tajada en la sobrefacturación de la obra pública aprobada en la Legislatura (Acceso Sur, Puente Perales y otras), de la estafa a los obreros del ingenio La Esperanza por los síndicos del PJ y la UCR, y de los presupuestos provinciales sin rendición que se aprueban sin chistar con la anuencia radical.

Infelices los niños

La posible creación de una “asignación universal por hijo” volvió a ganar el primer plano de la situación política. El telón de fondo de esta polémica –que envuelve al gobierno, a sus opositores y a la Iglesia–, es pavoroso. En el último año, 400.000 obreros perdieron su trabajo. En relación con lo que viene, hasta los economistas que confían en una reactivación señalan que “lo peor para el mercado laboral aún está por llegar” (Informe económico de la Universidad Di Tella). Es que la recuperación capitalista plantea una feroz competencia entre pulpos, que éstos querrán dirimir en base a despidos y mayor superexplotación laboral. Como botón de muestra, está el ataque a los obreros de Kraft. Durante este mismo año, las paritarias fueron virtualmente anuladas y los salarios se ajustaron con “techos” ubicados por debajo de la inflación real.

Mientras tanto, hasta el Indec reconoce que, en medio de la crisis, los pocos empleos que se generan son precarios. Según esas mismas estadísticas, los trabajadores “no registrados”, que son la mitad de toda la clase obrera, ganan en promedio unos 1.500 pesos. ¡Pero la “canasta básica” (línea de pobreza) ¡ya supera los 1.600 pesos! No se equivoca, entonces, quien atribuye el crecimiento de la pobreza a la “pérdida o precarización de empleo, a la suba de precios y remuneraciones planchadas en el sector informal” (Agustín Salvia, director del Observatorio de Pobreza de la UCA e investigador del Conicet, en Fortunaweb del 20/9).

A la luz de lo anterior, es evidente que el avance de la miseria social es un resultado directo de la explotación capitalista y de la tendencia de ese régimen social a trasladar sus crisis sobre los trabajadores.

¿Asistencialismo? Ni eso

Ni el gobierno ni sus opositores capitalistas tienen una salida para este crecimiento capitalista de la pobreza. Saben, incluso, que están echando más nafta a la hoguera de la miseria social. Por caso, acaban de aprobar un presupuesto 2010 que reduce sustancialmente los subsidios al transporte y otros servicios públicos, lo que van a resarcir con mayores tarifazos. Pero para los Kirchner o los Carrió, la pobreza no sería el resultado del proceso capitalista que ellos mismos promueven –y que implica despidos, suspensiones y mayor carestía. Para ellos, la miseria social sólo afecta a los “excluídos” o marginados del sistema. En ese caso, la salida a la pobreza no plantea un ataque al capital, sino que depende del asistencialismo estatal. De este modo, las asignaciones por hijo –tan meneadas por la CTA, pero también por el Banco Mundial– han vuelto a la palestra.

Pero, ¿en qué consiste el asistencialismo de un gobierno que está por someter sus cuentas al control del FMI y se prepara a “reanudar relaciones” con el capital financiero internacional? Por lo pronto, el proyecto oficial ubica la asignación por hijo en 135 pesos. Para la consultora Ecolatina, la “canasta”, no de pobreza, sino de indigencia, ascendía en julio pasado a 260 pesos por persona. O sea que la caridad oficial apenas cubre la mitad del alimento de los menores que pretende amparar. El gobierno, por otra parte, se opone a la “universalidad” del subsidio, o sea que tampoco está claro a cuántos menores alcanzaría la asignación oficial.

Cristina Kirchner ha querido zafar por izquierda de los cuestionamientos opositores, señalando que prefiere abordar la pobreza “desde el trabajo y no desde la beneficencia”. De ese modo, reivindicó al régimen de contratación de cien mil trabajadores “cooperativizados” para la obra pública. La cifra coincide con los obreros de la construcción que perdieron su trabajo con la crisis y que, en el marco del plan oficial, volverían a los andamios sin convenio ni derechos laborales. En nombre de la creación de trabajo, la “política social” del kirchnerismo apunta a la destrucción del trabajo y sus conquistas. El ingreso precario de los cooperativistas pretenderá ser un nuevo piso para la contratación laboral de los capitalistas de la construcción. Mientras se llena la boca con “los niños”, el kirchnerismo agrava las condiciones de vida y de trabajo de sus padres trabajadores.

Carrió y Casaretto

En ese cuadro, la pastoral social y el “Acuerdo Cívico” de Carrió y Morales salieron a doblarle la apuesta a la mezquindad oficial. Propusieron que la asignación por hijo llegue a la “friolera” de 180 pesos y que sea universal. Pero a la hora de explicar de dónde saldrían los recursos, la Pastoral planteó que una parte podría financiarse con “los actuales planes Familias y Jefes y Jefas de Hogar” (Clarín, 20/9). En ese caso, la “asignación por hijo” serviría de pretexto para eliminar definitivamente a los actuales planes, que permanecen sin indexar desde hace ocho años. Para Carrió y Prat Gay, de todos modos, la “universalidad” iría más lejos: con el tiempo, piensan que podría sustituir a las actuales asignaciones familiares. O sea que el “subsidio universal” serviría de coartada para barrer con conquistas obreras, que pasarían a sumergirse en el rasero común del asistencialismo estatal.

La clase obrera, frente a la pobreza

Bajo la infame pantalla común de la niñez desamparada, oficialistas y opositores quieren disimular su apoyo a la escalada capitalista contra la clase obrera, que golpea los salarios, los convenios y el derecho al trabajo. En torno de esta ofensiva, la burocracia sindical ha cerrado filas con los capitalistas y con el gobierno. En la CTA, Yasky y Lozano deben estar celebrando como una victoria política la “instalación” mediática de la asignación universal por hijo. Ello, mientras miran para otro lado en Mahle, Paraná Metal, Kraft y cualquiera de las luchas donde estuvo en juego el derecho al trabajo de miles de familias obreras. Los burócratas pretenden encontrar en el asistencialismo estatal la excusa para no luchar. Pero la caja de ese Estado está hipotecada ante el capital financiero. Los capitalistas y el gobierno sólo abrirán la billetera de la “política social” cuando sirva para promover el empleo precario (cooperativas), liquidar conquistas obreras o subsidiar capitalistas, como ocurre con el Repro.

La lucha contra la pobreza pasa, en primer lugar, por prohibir los despidos, luchar por un salario que cubra el costo de la canasta familiar, que hoy no es inferior a los 4.400 pesos; por la reapertura de las paritarias; por un subsidio al desocupado que cubra el 82% de esa canasta familiar y una jubilación móvil que parta de ese mínimo. Construyamos, en todos los sindicatos, direcciones clasistas para luchar por ese programa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

LOS MARISCALES DE LA POBREZA

Un día, el cura, el banquero y la Presidenta coincidieron.
"Hay que ocuparse de los niños pobres", dijeron los mismos que condenan a sus padres a despidos, a salarios bajos, a una carestía feroz.
Aunque todos desconfiaron, la limosna ni siquiera fue grande.
Cristina quiere arreglar a los hijos de los obreros desocupados con ciento treinta pesos. Carrió y el obispo Casaretto se "estiraron" hasta ciento ochenta.
Mientras tanto, las necesidades integrales de una familia obrera ¡superan los 4.000 pesos por mes!
Los campeones de la "asignación universal" anunciaron su receta: la "universalización" de la miseria.
Para entregar estas monedas, quieren echar mano de los actuales planes Jefes y de las asignaciones familiares.
No quieren poner un peso más de la caja del Estado, que tiene otra prioridad: el FMI, el Club de París, los tarifazos.
Pero en la lista de estos mariscales de la pobreza, se anotan otros.
Los Yasky y los Moyano también aplauden esta "asignación universal", después de tolerar el despido de 400.000 compañeros en el último año.
El porvenir de nuestros hijos y nuestros puestos de trabajo no puede depender de ellos.
En oposición a la burocracia, un nuevo movimiento obrero exige su lugar.
Como en Kraft, en Paraná Metal, en Malhe y en todas las luchas de la clase obrera contra la crisis capitalista.
La miseria política de los Kirchner y sus opositores capitalistas no tiene salida.
La miseria social sí la tiene, en una lucha, una alternativa y un programa propio de los trabajadores.

viernes, 16 de octubre de 2009

LOS PIQUETEROS Y LOS CHARLATANES

Los energúmenos mediáticos que se quejan por los piquetes cuando son organizados por los trabajadores, se soltaron otra vez como fieras cuando los trabajadores de Kraft trasladaron para el día siguiente la manifestación prevista en las previas al partido entre Uruguay y Argentina.

“¡Qué falta de principios – bramaron los enemigos mortales de los piquetes– diferir un piquete por el fútbol!”.

Rápidos como punguistas decidieron poner en el mismo bote a los asambleístas de Gualeguaychú, que habían votado dejar pasar a los hinchas argentinos que se trasladaran por tierra a Montevideo.

“Dan más valor al fútbol que al agua contaminada”, se indignaron algunos mediáticos K, que no ven la hora de que se acabe el corte de frontera y Botnia siente sus reales en forma definitiva en alianza con la contaminadora Celulosa, ésta en las orillas del Paraná.

Como se puede ver, a la hora de la inmundicia mediática contra los trabajadores y las causas populares, los K y sus opositores reman en la misma dirección.

Sin embargo, cuando los veintidós azules y celestes se entreveraban en el Centenario para mandar al otro al repechaje, los despedidos de Kraft y los luchadores que los acompañan no estaban frente a un televisor clamando por una mano de dios.

Estaban frente al Ministerio para asegurarse que las reuniones de los funcionarios, la patronal y los delegados no se apartaran del reclamo de la reintegración incondicional de todos los despedidos –delegados, activistas y trabajadores.

A los charlatanes que ofician mal de periodistas, los obreros en lucha los han obligado a tragarse sus groserías.

Pacto Daer-Kraft-Tomada para derrotar la lucha

Echan lastre y no lo consiguen

Los cinco delegados impedidos de entrar desde hace más de 50 días a la planta han sido reinstalados en sus puestos de trabajo por la Justicia.

El giro judicial se produjo como resultado de una presentación del Ministerio de Trabajo. El gobierno nacional jugó fuerte para imponer este punto, mientras seguía empeñado en desconocer la condición de delegados de los compañeros que ejercen esa función en la planta, con el argumento de que se les había vencido el mandato, y mantenía sin resolver la reincorporación de los 162 activistas. Los evidentes esfuerzos de los K y los Moyano-Daer para descomprimir el conflicto y sacarlo de la calle se hacen con la expectativa de descabezar o neutralizar a la Comisión Interna. En los últimos días, Daer no se ha cansado de repetir que la función sindical en Kraft había quedado en manos de la dirección del sindicato, a partir del vencimiento del mandato de la interna. La patronal pretende un paquete final, entero, que incluya una cláusula de paz social por 60 días y el fin del conflicto, firmada por todo el cuerpo de delegados.

Mientras tanto, los despedidos aún siguen siendo 142, esto entre los primeros indemnizados y los 72 despedidos finales, aunque se ha dejado trascender que podrían haber más readmisiones. Los cinco delegados repuestos y el total de la Comisión Interna legal de planta, conformada por diez compañeros, son desconocidos como tales por parte de la patronal, la burocracia y el Estado, debido al vencimiento de sus mandatos el pasado viernes 9 de octubre. Esta caducidad objetiva, como consecuencia de la imposibilidad de celebrar elecciones en las condiciones de conflicto, normalmente se resuelve con una prórroga de mandatos. Daer se ha negado por completo a otorgarla y se ha declarado la “única representación sindical en la planta hasta una nueva elección”, que él mismo tiene que convocar.

El Ministerio, que también podría prorrogar los mandatos por su cuenta, no lo hace y se empeña, por el contrario, en controlar que los compañeros no retomen su función gremial sino que se incorporen a “sus puestos de trabajo”. La policía, en tanto, se retira de la planta al mismo ritmo que las tropas norteamericanas de Irak.

No han podido doblegar la lucha

Las concesiones obtenidas en esta lucha han sido arrancadas por los piquetes y marchas heroicas de los compañeros y las organizaciones solidarias, modificando continuamente los escenarios de la huelga. El gobierno ha operado frente a la huelga desde un cuadro de debilidad, lo mismo la patronal, lo cual está relacionado con las divergencias de todo tipo que se manifiestan en la burguesía y en los aparatos del Estado, desde el acuerdo con el FMI, la ley de medios, la no cerrada querella sojera y agraria y, por sobre todo, los giros de la crisis mundial. Tomada creyó que podía irse a Estados Unidos, mientras habilitaba a la patronal a producir los despidos, pero después quedó claro que los K no tenían resto para sostener la apuesta, ni cuando se jugaron a la represión de los piquetes. Es claro que la participación de la Fuba le dio al conflicto una resonancia que va más allá de las fuerzas que se movilizaron en la práctica, pero que trajeron a la memoria la crisis desatada cuando la Fuba, hace dos años, desafió con movilizaciones callejeras a la camarilla profesoral de la Universidad. Moyano fracasó en su reclamo de dejar las calles y atenuar las críticas a la CGT y al Sindicato de la Alimentación a cambio de su apoyo verbal a los trabajadores. El resultado provisorio es una situación contradictoria de concesiones en los despidos y una continua tentativa para despedir a los activistas y privar de sus derechos a la organización obrera de la planta. También ha jugado un papel fundamental la resistencia interior en la planta. Una resistencia a las horas extras, a los aprietes de los jefes, al nuevo código de trabajo, a los nuevos tiempos de producción, a los nuevos tiempos para ir al baño, a la violación de las categorías o los actos de protesta contra la patronal –como las ovaciones recibidas por algunos delegados cuando ingresaron al comedor– por parte de sus compañeros. Ni hablar de la asamblea de más de cien compañeros en la puerta al entrar el último de los delegados, todos síntomas de un límite infranqueable para las pretensiones de la patronal.

El plan B de Daer, Moyano y K

Más allá del planteo de dejar en la Justicia la decisión sobre las reincorporaciones y despidos, y más allá de la pretensión de paz social, la política de Daer y de la patronal, de cercenar la actividad sindical de los delegados, lleva a un mayor conflicto. El Plan B ante el fracaso del plan de represalias y represión no tiene mayor viabilidad que el que tuvo el A. Esto explica los ajetreos de la burocracia de la CGT para arrancar algún acuerdo con la interna o con un sector de ella con relación al futuro.

Daer, con 140 activistas en la calle, con la planta regimentada por los supervisores y la policía, con sus “congresales” actuando como sindicato libremente en planta, pretende armar en el momento oportuno “su” Comisión Interna. Por eso, viola toda la tradición en los sindicatos argentinos, que establece la prórroga automática de mandatos cuando la convocatoria a elecciones de un cuerpo de delegados se demora por razones de fuerza mayor, en este caso una gran lucha. Pero la ambición supera a Daer y a su mentor Moyano. La lucha de Kraft ha abierto una crisis en la CGT, porque al cuestionamiento de la UTA por el Subte se suma el cuestionamiento de los burócratas cegetistas por una gran planta industrial. La tanda Daer-Moyano, con el socorro de algunos asesores de K, como el secretísimo Zannini, pretenden recuperar un control, exactamente en el momento en que se desarrolla una rebelión entre franjas crecientes de jóvenes trabajadores contra la burocracia sindical. En paralelo a la burocracia, Kraft pretende (y necesita) imponer sus planes internacionales de ajuste bajo la presión de la bancarrota capitalista mundial. Moyano es parte integral de ese tejido.
La reincorporación de los despedidos y la prórroga del mandato de la Comisión Interna son los puntos irrenunciables. Se ha votado implementar un petitorio masivo, de toda la fábrica, para respaldar el reclamo al sindicato y al Ministerio de que reconozcan a la Interna y los delegados y reincorporar a todos los despedidos pendientes. Se ha votado también otra gran marcha a Plaza de Mayo para el jueves 15. No hay lugar para la burocracia sindical en Kraft, existe todo el espacio para la organización obrera representativa e independiente a lo largo y ancho de la planta.

A la CGT y a la CTA (¡la otra gran ‘ausente’ de la lucha, pero presente en todos los circos oficialistas!) les reclamamos el paro general por la victoria de las obreras y obreros de Kraft, y del Subte, Mahle, Paraná Metal, el aumento del mínimo no imponible, la reanudación de las paritarias, la prohibición de despidos y suspensiones, y un plan de obras públicas (bajo control obrero) para que trabajen todos los desocupados.

Néstor Pitrola

Otro verso: ¿secundaria para todos?

El Frente Gremial ha elegido sortear su derrumbe electoral en la votación para consejeros pegándose más aún al gobierno del ajuste (además de dibujar un resultado trucho del 52%). A tono con la formación de una mesa de “cogestión”, el Suteba y la FEB presentan la “nueva secundaria” que “rompe, dicen, la primarización de la escuela secundaria heredada de la reforma de los ‘90” (circular de la Dirección General de Escuelas).

Según datos oficiales que publica La Nación, sobre una matrícula total de 1.408.730 alumnos en las escuelas secundarias bonaerenses, el 35% pertenecen a la “gestión privada”. Se trata de colegios (muchos de ellos de la Iglesia) que reciben subsidios para el pago de los sueldos docentes y otras yerbas. La provincia tiene 2.175 escuelas secundarias básicas estatales contra 1.692 privadas, y apenas 738 medias (polimodal) del Estado contra 1.375 privadas. La circular sobre la “nueva secundaria” vuelve sobre la cantinela de la educación “para el trabajo”, o sea que subordina la educación de conjunto a los diplomas intermedios, esto en el marco de una crisis mundial que se mide en miles de despidos, flexibilización de las condiciones de trabajo y descalificación en masa de los trabajadores.

La reforma incluye una revisión de la normativa en materia de calificación. Según declaraciones del ministro de Educación nacional, Sileoni; “está en estudio la posibilidad de acumular” más previas que las actuales para no repetir”. Con esta “revisión” pretende encubrir el fracaso educativo.

Por otra parte, la obligatoriedad es una estafa: el gobierno no garantiza la construcción y refacción de escuelas, tampoco la provisión de gas, faltan materiales de limpieza y de estudio, las becas son de hambre, no hay una dieta para los comedores de acuerdo con el número creciente de chicos que comen en las escuelas (no hay comedores en el ciclo superior), todo unido a las pésimas condiciones de infraestructura escolar.

A la supresión de escuelas por absorción (sólo las medias y técnicas grandes están en condiciones de ofrecer una mayor variedad de especializaciones) se suman las fusiones de cursos en las “ex ESB” para habilitar aulas libres que permitan la apertura de los años del ciclo superior. Pero un ajustazo feroz conduce a la pérdida de puestos docentes, equipos de orientación y gabinete y también de personal directivo. La “concentración horaria” con el salario congelado apunta a reducir el plantel docente mediante una “revisión de la normativa vigente” que contemple una reasignación de docentes”.

Por lo pronto –y violando el estatuto del docente– se incorpora el director con jornada de ocho horas, de modo que se anticipó la extensión de la jornada laboral. Responde al esquema de un director-capataz al cual la circular le asigna “la responsabilidad institucional de llevar adelante la política educativa provincial”. Con la designación de los “profesores tutores” se avanza también en las designaciones a dedo de docentes, pasando por encima de los listados y actos públicos docentes (como ya se viene haciendo con los “proyectos” EDI y ESI que son un paquete de horas que reparten las direcciones por escuela).

Daniel Rapanelli

La clase obrera ante la crisis mundial

Cuadro de situación

La cadena de suicidios de trabajadores en France Telecom (FT) –veinticuatro desde inicios de 2008 y con otros trece intentos fallidos– es un testimonio desgarrador de la realidad de la explotación capitalista. FT emplea a más de 100.000 trabajadores en el mundo, 65.000 en Francia. La empresa fue privatizada en 1997 y desde entonces fueron echados 70.000 trabajadores en sucesivas “racionalizaciones”.

A partir de 2008, en consonancia con el desencadenamiento de la crisis capitalista, FT lanzó una ofensiva despiadada para lograr el retiro anticipado de miles de trabajadores. Forzó, en estos últimos tres años, a cambiar de lugar de trabajo a 10.000 dependientes, con des-localizaciones obligatorias y cambio de tareas, asignando incluso personal técnico a oficinas de ventas y centros de llamadas. Son variantes de un régimen de flexibilidad laboral que tiene matriz inglesa (el programa Orange) y que tiene por fundamento, según un periodista especializado en relaciones laborales: “destruir sistemáticamente todo trabajo colectivo que pudiera representar un obstáculo al ascenso del individualismo” (Página/12, 20/9). “Nos han establecido objetivos imposibles de alcanzar, cambiando la gente de los puestos bruscamente, bajo el pretexto de que si seguimos largo tiempo en una posición, uno no es eficaz”, denuncia una trabajadora (Clarín, 15/9).

La perversidad del régimen es escalofriante: de un día para otro un trabajador es enviado a cubrir un puesto a 50 ó 100 kilómetros, ningún responsable intermedio permanece en el puesto más de tres años –una consigna tomada del ejército e inspirada en evitar que los jefes se encariñen con sus empleados y puedan ser una traba a las sucesivas “modernizaciones”. Rige la consigna “una llamada, una venta”, y exige, a la vez, la destrucción sistemática de todo núcleo sindical. FT justifica este orden dictatorial en la gigantesca batalla comercial que la enfrenta a otros pulpos y en la mutación tecnológica en el terreno de las comunicaciones. Lo que viene a decir es que los otros pulpos hacen lo mismo que ella.

France Telecom es sólo la punta de un iceberg que sube implacablemente a la superficie como consecuencia de la bancarrota capitalista. El 29 de enero de este año hubo en Francia manifestaciones obreras con más de 2,5 millones de personas. Fue encabezada por una serie de consignas ambiguas, suscriptas por las ocho centrales sindicales. Asimismo, tuvieron lugar paros generales con movilización el 29 de enero, el 19 de marzo, el 1º de Mayo... Esta serie de paros y movilizaciones fueron concebidos para descomprimir una situación de deliberación política profunda en todas las capas sociales explotadas y oprimidas frente a la ofensiva capitalista.

En Francia, Inglaterra y España, como en otros países, la ofensiva capitalista significó, antes que nada, el despido masivo de transitorios y precarios, pero comienza a golpear a una franja del proletariado estable y amenaza con el cierre de grandes empresas (en especial sucursales de las automotrices). A la vez, se ha puesto en discusión profundos cambios en la legislación laboral de la Unión Europea. A mediados de 2008, los ministros de empleo de la Unión aprobaron la nueva directiva de tiempo de trabajo, que hubiera permitido ampliar la jornada laboral máxima a 65 horas semanales, con el visto bueno del Reino Unido, Francia e Italia. La norma fue rechazada por el Parlamento Europeo a fines de ese año, pero la decisión no cerró la cuestión porque “Gran Bretaña y otros países, en especial los ex comunistas, anunciaron que persistirán en su iniciativa” (entre estos “otros” países se encuentran, de nuevo, Francia e Italia) (Clarín, 18/12/08). En julio de 2009, “la posibilidad de trabajar los domingos en las zonas turísticas está creando un debate fenomenal en el país, cuando los diputados franceses vuelven a examinar la ley sobre el trabajo dominical” (Clarín, 9/7).

Otro motivo de deliberación es la aplicación de la Directiva Bolkestein, que establece el Principio del País de Origen (PPO), lo que permite a una empresa ofrecer un servicio en un país diferente al suyo bajo el amparo de las leyes del país donde tiene su sede1.

En los días subsiguientes a la huelga del 29 de enero, estallaron paros en dos plantas de Renault contra la supresión de la prima de participación obrera en las ganancias; en Guadalupe y Martinico se produjo la extraordinaria huelga general. La huelga en estos territorios fue dirigida por la coalición LKP -“Rebelémonos contra la explotación”, que unió a 49 sindicatos y organizaciones sociales y levantó un programa de 132 reivindicaciones encabezado por 450 euros del salario básico. Arrancó 200 euros de aumento y la rebaja de un 20 % de un centenar de productos de primera necesidad.

En Francia se propagaron las huelgas, ocupaciones de plantas, movilizaciones, bloqueo de rutas y toma de rehenes. Este último aspecto fue destacado con temor por la prensa mundial, porque es un termómetro del caldeado ánimo de las masas.

Hay una participación creciente de obreros industriales en las huelgas generales. En los conflictos de fábrica más importantes y duraderos (Continental y Lear, como ejemplos) se ha votado la elección de comités de huelga. En cuanto al programa, en el caso de la fábrica Caterpillar, los trabajadores enfrentaron una “racionalización” capitalista que significaba despedir 733 obreros de un total de 2.500 en toda Francia con la exigencia del reparto de las horas de trabajo. “Hemos propuesto pasar a 32 horas, pero la dirección no ha querido saber nada”, dio a conocer uno de sus dirigentes. En cuanto a la elección de los comités de huelga se trata de una reacción frente al sabotaje de las direcciones sindicales. Cada planta decide por su cuenta y las “jornadas nacionales de movilización” canalizan la tensión y le dan respiro a la ofensiva.

Otro componente de enorme peso es la intervención de la juventud estudiantil y de los barrios. Las universidades se ocuparon, en Francia, a favor de la huelga de los docentes e investigadores, que duró más de dos meses. “Desde un punto de vista global, nuestro mercado es tan flexible como el de los Estados Unidos o el Reino Unido. El problema del mercado francés se debe a que sólo un 15% de las personas está en la franja de los contratos precarios” (declaraciones de un empresario en www.usinenouvelle.com.ar).

En Inglaterra, a fines de mayo, estalló una huelga en la refinería Total de Lindsey. Allí, una unidad de desulfuración fue subcontratada a una empresa siciliana, Irem, que reemplazó la mano de obra británica por 200 trabajadores italianos y portugueses no sindicalizados. Los obreros ingleses, sospechando que se habían violado las normas sobre salario y condiciones de trabajo, fueron a una huelga caracterizada de inmediato como salvaje porque no tuvo el apoyo del sindicato oficial. Aunque los medios y el gobierno lanzaron una campaña contra las huelgas chauvinistas, se paralizaron veinte centrales y refinerías en todo el país. Los huelguistas enfrentaron la legislación laboral, adoptada bajo Margaret Thatcher y sostenida por el Nuevo Laborismo, que prohíbe y castiga las huelgas de solidaridad. Aunque las pancartas decían “empleos británicos para trabajadores británicos”, ese slogan nunca formó parte de las reivindicaciones del comité de huelga electo que, por el contrario, exigían las mismas reglas para todos los asalariados cualquiera fuese su nacionalidad. La consigna nacionalista fue dejando el lugar a otra: “trabajadores de todos los países, unámonos”. Finalmente, el movimiento de la refinería de Lindsey terminó el 4 de febrero con un acuerdo que estableció la creación de 101 puestos suplementarios, fuera de los otorgados a portugueses e italianos, y el reconocimiento del derecho de los sindicatos a controlar las condiciones laborales y remunerativas de unos y otros (“La mentira de las huelgas racistas en Gran Bretaña”, Le Monde Diplomatique 165, julio de 2009).

En España, la crisis capitalista se abate sobre los trabajadores en forma concentrada y está en desarrollo una crisis política general. Existe un ascenso vertiginoso de la desocupación, con un millón de parados en un país que ha pasado a encabezar rápidamente el ranking de desocupación en toda Europa (18,5% y proyección de 20 hacia el fin del año). El acuerdo de negociación colectiva, centrado en el salario, no se ha renovado por primera vez en seis años. Los sindicatos reclaman un aumento del 2% y la central empresaria considera que deben subir entre el 0 y el 1%, sujetos a otras concesiones de los trabajadores. La central empresaria está lanzada a una agresiva política de guerra social, planteando una reforma laboral que incluya el abaratamiento del despido (en España se paga 45 días por año trabajado al empleado efectivo al que se despide y la patronal reclama bajarlo a 16). El millón de desocupados ha agotado el seguro de desempleo y el gobierno ha lanzado un seguro de 420 euros por seis meses para desocupados que tengan ingresos inferiores al 75% del salario mínimo, previendo llegar a sólo 600.000 desocupados de una cifra que se estima mucho mayor. La ofensiva de las patronales apunta, además de la rebaja de las indemnizaciones, al congelamiento salarial 2009-2010. El movimiento obrero no atina a responder a los furiosos golpes que asestan los capitalistas: las huelgas en el primer período del año han llegado a su nivel más bajo en cinco años.

1. “Un ejemplo palpable de la aplicación del PPO sucedió en la ciudad sueca de Vaxholm, donde una empresa letona ganó un concurso de construcción y se consideró libre para aplicar a sus trabajadores el salario letón”

viernes, 9 de octubre de 2009

Hacia el XXIV Encuentro Nacional de Mujeres

MUJERES QUE LUCHAN

De Kraft a los hospitales tucumanos

Los micros que están llegando a Tucumán traen la fuerza de una gran lucha.

Vienen las obreras de Terrabusi Kraft, que están batallando por su organización obrera y su condición laboral.

Llegan las mujeres piqueteras, que enfrentan en los barrios dos flagelos: el del hambre y el de los punteros oficiales.

Con ellas, estarán las compañeras que desafían a las mafias capitalistas de la trata de personas.

Y las madres de los pibes asesinados por el gatillo fácil.

¿Quién las va recibir en Tucumán?

Nada menos que las compañeras enfermeras, médicas, trabajadoras de la salud.

Ellas se han jugado a fondo contra el derrumbe de sus salarios, de sus condiciones de trabajo y de sus hospitales.

Al pie del micro, estará también el movimiento de lucha contra otro régimen de impunidad y negociados. El que se cobró la vida de Paulina Lebbos y tantas otras jóvenes.

El movimiento de la mujer se ha forjado en la lucha contra la violencia de los capitalistas en las fábricas; de los explotadores sexuales; de los opresores del clero, del Estado y de sus aparatos de represión.

La etapa que se abre vendrá signada por luchas cada vez más extendidas y resueltas.

De cara a la crisis capitalista, la receta del gobierno y sus opositores no difiere: mayor presión patronal contra los convenios, mayores despidos, más carestía y tarifazos; liquidación de los presupuestos sanitarios y educativos.

La mujer es el eslabón más débil de esa escalada contra los explotados.

La respuesta está en Kraft, en los hospitales tucumanos. En todas las luchas que se abren camino desde abajo. Ese gran movimiento exige una orientación independiente del Estado, del capital y sus partidos, de las burocracias del clero y de los sindicatos.

Compañeras, ¡adelante!

LAS LECCIONES DE KRAFT

Un régimen sin "contención"

La huelga de la ex Terrabusi tiene todavía un final abierto. Pero sus consecuencias sobre el conjunto del proceso político ya son concluyentes.

La lucha en General Pacheco mostró hasta qué punto está quebrada la capacidad de arbitraje del kirchnerismo. El gobierno no quiso, primero, llevar adelante los recursos de regimentación de las relaciones laborales establecidas por ley. Tomada dio por clausurada la conciliación obligatoria para que la patronal liquidara al activismo por la vía de los hechos. Pero la reacción solidaria a nivel nacional enfrentó el ataque de la empresa y obligó al gobierno y a todos sus alcahuetes (Moyano, Yasky) a operar un limitado cambio de frente. Esto le ha abierto un nuevo flanco de crisis política, que se irá profundizando, de un lado por los obstáculos que pondrá la patronal, del otro por la ampliación de las luchas, como ocurre con los trabajadores de la Salud en Tucumán.

La crisis del arbitraje estatal afecta a la burocracia de los sindicatos. El conflicto de Kraft desnudó a la CGT a y la CTA como sucursales del oficialismo. Los Moyano y Yasky corrieron detrás de los acontecimientos. En todos los casos para actuar como agentes del Ministerio de Trabajo en las maniobras contra los trabajadores.

Un régimen en la picota

El gobierno, en definitiva, es incapaz de actuar como una fuerza autónoma frente a las contradicciones que agudiza la crisis capitalista. Esta incapacidad se extiende a toda la oposición patronal, que acaba de protagonizar una farsa patética al no poder reunir a su propia tropa para derogar el tarifazo. Es que los opositores están por completo del lado de los pulpos de la energía y de su reclamo (como el del FMI) de ‘rebalancear’ las tarifas. El movimiento popular que siguió convencido las maniobras de estos opositores ha recibido una lección, que deberá ser aprovechada. Ahora que los parlamentarios fracasaron, es hora de un plan de lucha y de la acción directa.

Una conciencia superior

La escalada antiobrera en el conflicto de Kraft ha desarrollado una conciencia de lucha y de clase, que se ha extendido a capas no obreras. Se ha abierto, como consecuencia de ello, una nueva etapa en las masas. La clase media entrará en el tumulto, sacudida por la carestía y el derrumbe de los presupuestos sanitarios o educativos. El apoyo del movimiento estudiantil a Kraft, desde la Fuba hasta la Patagonia, es un anticipo. En estos mismos días, la ocupación del Nacional Buenos Aires puso al desnudo el carácter reaccionario de una rectora, que es dirigente del PSA, la chapa electoral de Solanas.

El gobierno acaba de entregar otro arbitraje –el que tiene sobre la caja del Estado– al Fondo Monetario Internacional. La auditoría de los usureros empuja a nuevos tarifazos, y a los ajustes en provincias y municipios.

La etapa que se abre refuerza las condiciones para desarrollar, en todos los planos, una alternativa política propia de los explotados.

Marcelo Ramal

La muerte de Mercedes Sosa

Una voz popular

Mercedes Sosa murió este domingo a los 74 años. Sus canciones acompañaron por décadas a generaciones de argentinos que encontraron en su exquisito repertorio nuevas formas del folclore y la música popular. Nacida en Tucumán en una familia humilde, se dedicó a cantar desde temprano. Casada con Oscar Matus, se radicó en Mendoza, donde conoció al poeta Armando Tejada Gómez y, juntos los tres, iniciaron el movimiento conocido como Movimiento de la Nueva Canción, que se propuso que el folclore retratara la cotidianidad de la vida de los sectores populares, como una forma de que la música se fundiera con una finalidad política. Los tres militaban en el Partido Comunista. Era el año 1963, comenzaba la agitada década de los sesenta. En 1965, el título de su álbum se convertiría en un manifiesto: Canciones con fundamento. Su próximo disco se tituló Yo no canto por cantar que, luego de una recordada presentación en el Festival de Cosquín, invitada por Jorge Cafrune, la llevó a la masividad.

El amor popular es un signo inaudito entre los artistas: pocos llegan a la estatura que permite que sus seguidores se declaren en estado de incondicionalidad. El repertorio de canciones elegido por Mercedes Sosa, que desde luego cantaba con una voz única, lograba una comunidad con el auditorio. Sus canciones estuvieron dirigidas a la vida de las mayorías, a las luchas, a las ansias de libertad. Además de una voz privilegiada, Sosa tuvo la virtud de saber elegir los autores de sus canciones: desde Silvio Rodríguez a León Gieco, desde Charly García a Víctor Jara, desde Pablo Milanés a Violeta Parra, su repertorio conforma un muestrario de una música inspirada y dirigida hacia los sectores populares.

Consagrada por su gran llegada al público, no se apartó de una senda latinoamericanista en sus canciones y, en 1973, al producirse el golpe de Estado de Pinochet y el derrocamiento de Salvador Allende en Chile, decidió no volver a cantar en ese país hasta que cayera el dictador.

Cuando se produjo el golpe militar de Videla en el país, decidió quedarse, a pesar de que se prohibieron sus discos. Su decisión concordaba con la política del Partido Comunista, que no fue ilegalizado por la dictadura, aunque Sosa no llegó a elogiar al gobierno militar como sí hizo su partido. En 1978, durante un recital en La Plata, fue detenida en el escenario mientras la policía se llevaba al público. Se exilió, entonces, en Francia y España.

En 1982 regresó a la Argentina para una serie de recitales en el teatro Opera. Cada uno de esos conciertos se convirtió en un hecho político, social y cultural: el público cantaba consignas contra los militares y estallaba en aplausos y gritos cuando terminaba su canción Los hermanos, de Atahualpa Yupanqui, cuya letra culmina con la palabra “libertad”, que era coreada por la multitud. Semanas después de los recitales, Galtieri comenzaría la guerra de las Malvinas y poco después caería la dictadura.

Las manifestaciones políticas de Mercedes Sosa estuvieron signadas por oscilaciones tremendas, signo de la desorientación a la que se ven sometidos los artistas que no logran empalmar su pensamiento político con el programa revolucionario. Comunista desde la década del ’50, no dudó en apoyar al radicalismo de Alfonsín cuando regresó la democracia y, luego, se mostró entusiasta con las variantes más variopintas del centroizquierdismo. En 2003, brindó su apoyo a la candidatura del derechista Mauricio Macri como jefe de Gobierno porteño. Más tarde, expresó su adhesión al gobierno kirchnerista, que mantuvo hasta su muerte.

El legado de su obra artística perdurará en el imaginario social argentino por mucho tiempo, como sucede cada vez que un artista verdadero muere. Quedan también algunos de sus gestos: en 1995 decidió no cantar en Tucumán, su tierra natal, mientras el genocida Bussi fuera gobernador. Dieciséis días después del retiro de Bussi del gobierno, ofreció un recital en San Miguel. Queda el recuerdo de su llamado, durante un concierto, a aportar al fondo de huelga de Atlántida y cómo rebalsaron entonces las alcancías. Quedan las imágenes y grabaciones del recital de Managua, durante la revolución sandinista, cuando ante decenas de miles de personas entonó Cuando tenga la tierra y el público vibró ante estos versos: “Cuando tenga la tierra, / la tendrán los que luchan, / los maestros, los hacheros, los obreros”. Quedan Mercedes Sosa y su música en la memoria popular y servirá su vida, también, a la hora de hacer un balance acerca de las necesidades políticas de la clase obrera.

sábado, 3 de octubre de 2009

LA VOZ DE LAS FABRICAS

De pronto, los comunicadores oficiales que pregonaban el “progresismo” de la ley de medios se tuvieron que callar. En cuestión de minutos, el gobierno que defendían les explicó cuál es el “triple play” que mejor conoce: la santa unión de la patronal yanqui, la infantería y los burócratas sindicales, en contra de la clase obrera que lucha.

¿Dónde quedó el gobierno “enfrentado a los monopolios”? Actuando por cuenta y orden de la jefatura general de monopolios, o sea, de la Embajada yanqui.

La planta de la ex Terrabusi fue convertida en un campo de concentración, donde decenas de trabajadores fueron apaleados y privados, incluso, de su derecho a la defensa.

A fuerza de palos, Terrabusi volvió a trabajar. Pero Moyano-Daer, Aníbal Fernández y la Unión Industrial no tienen nada que festejar.

Es que la lucha de Kraft los desnudó de cabo a rabo.

Mostró que los “sindicalistas” oficiales sólo sirven para lucrar con medicamentos truchos. De la clase obrera, los separa un abismo.

Deschavó a un gobierno que, en su caída libre, sólo aspira a salvarse siguiendo el libreto de los usureros de la deuda o los monopolios que reclaman tarifazos.

¿Qué decir, finalmente, de los Lozano o Solanas, entretenidos en arreglos parlamentarios con el mismo gobierno que reprimía en Pacheco?

En oposición a todos ellos, la lucha de Kraft puso en las calles a una generación de jóvenes obreros, de estudiantes, de desocupados.

“Vayan a estudiar”, ladró la jauría de C5N. “No hay porvenir para nosotros en el país de los despidos”, le sacudió el presidente de la Fuba a todos ellos.

Pero la voz de la calle, que se hizo sentir por Kraft, llegó para quedarse. Así lo exigen los nuevos tarifazos, que el gobierno se empeña en aplicar. Y la distancia cada vez mayor entre los salarios y la carestía.

Por sobre todas las cosas, la lucha que ha ganado las fábricas, facultades, calles, rutas y autopistas exige que pongamos en pie una alternativa propia de los trabajadores.

Una nueva etapa después de Kraft

Como ningún otro acontecimiento, la huelga de la ex Terrabusi ha delatado la demolición política del gobierno kirchnerista.

En la represión a los obreros de Kraft, los “nacionales y populares” no sólo actuaron por cuenta y orden de la Embajada norteamericana. Peor aún: trataron de disimularlo de cualquier modo. Los voceros oficiales insisten en afirmar que “no recibieron ninguna presión” (de la embajada); claro está, a varios días después de haber consumado el desalojo “por encargo” de la planta. El gobierno no puede reconocer que perdió la capacidad de arbitrar en la crisis política, y que sólo es peloteado por las fuerzas sociales que actúan en ella.

Los palos del viernes 25 desnudaron la cobardía del gobierno, sin que ello les valiera a los Kirchner un solo gramo adicional de confianza por parte del imperialismo. Por el contrario, una columna periodística en Nueva York acaba de denunciar al matrimonio presidencial porque “el miedo les prohíbe actuar. No quiere cargar con muertos. Entonces el problema no se resuelve” (The Wall Street Journal, 28/9). Pero los Kirchner tuvieron que relevar, precisamente, a un gobierno que se había cargado a dos muertos en el Puente Pueyrredón. De cara a la crisis y a la radicalización popular, el imperialismo y la patronal argentina reclaman la “salida” que han fracasado, una y otra vez, en aplicar. La reciente derrota del tarifazo sobre la luz y el gas da cuenta de una impasse que no sólo es de los Kirchner, sino de todo el régimen político.

A pesar de ello, De Vido acaba de confirmar la reimplantación de ese tarifazo que debió suspender en julio. Quieren hacer correr los aumentos en medio de los menores consumos del verano, pero pueden terminar echando más leña al fuego de la agitación popular. Al gobierno ya no le salen bien ni sus operativos de cooptación: el plan de “trabajo cooperativo” (precario) anunciado por Cristina ha removido las aguas de todas las organizaciones de desocupados, incluyendo a las filokirchneristas, y se ha transformado en un factor de crisis y disputas al interior de las intendencias y punteros bonaerenses.

Burocracia sindical

Por sobre todas las cosas, la huelga de Kraft mostró el derrumbe oficial a través de uno de sus principales pilares: la burocracia sindical. El país entero venía de asistir al desfile de los Moyano, Zanola y otros involucrados en el negocio criminal de los medicamentos truchos. Ahora, la lucha de Kraft los ha mostrado como un sindicalismo vencido, incluso para jugar su histórico papel de freno. Los ataques permanentes de Moyano o de Daer a la huelga de Kraft ni siquiera rozaron la determinación de lucha de sus trabajadores. Más aún: cuanto más encarnizadas eran sus alcahueterías, más se redoblaba la solidaridad de la clase obrera combativa con los obreros de Kraft. Los viejos burócratas no pudieron con la huelga, tuvo que ir la infantería a hacerse cargo de ella. Súbitamente, los diarios se han dedicado a contarle las costillas a la misma “izquierda radicalizada” a la que silencian todo el año. Pero la nueva camada de activistas obreros no irrumpe en el vacío. Se abre paso, y es también un resultado, de la completa descomposición de la burocracia de los sindicatos. Ese ajuste de cuentas no deja afuera a la CTA, la central “independiente” que no resolvió una sola medida activa de apoyo a la gran expresión independiente y antiburocrática de Kraft en el curso de los 38 días de huelga.

Dos puntas tiene el camino

En definitiva, bastó con una firme huelga obrera para que la “iniciativa política”, que el gobierno decía haber recuperado con la ley de medios, se volatilizara. En realidad, la “iniciativa” también la perdió con la propia ley de medios. Lo que el Senado se apresta a votar es una solución de compromiso con Clarín y otros grupos mediáticos, que le otorgará un amplio margen de tiempo a los pulpos para negociar la venta de sus activos. La “iniciativa” parece derretirse, también, en las negociaciones con el FMI, el Club de París y los acreedores de la deuda que no fue refinanciada en 2005. La “apertura al crédito internacional” sólo se hará en las condiciones leoninas que reclaman los usureros.

Durante varios meses, la crisis social y política fue disimulada con los arreglos parlamentarios y en la ilusión oficial de recobrar una iniciativa de la mano de los acuerdos políticos, en particular con el centroizquierda. Pero las combinaciones parlamentarias no pueden dar cuenta de los despidos, la carestía, el aumento de la pobreza o los tarifazos. Por eso, el centro de la situación política ha vuelto a las calles.

La huelga de Kraft abrió una nueva etapa política, donde tendrá que dirimirse qué fuerzas sociales se harán cargo de la crisis que emerge con la descomposición del kirchnerismo. La disyuntiva que se abre después de Kraft es clara. Por un lado, está la jauría patronal que exige el arreglo inmediato con el capital financiero, los tarifazos y un “ordenamiento” de las relaciones laborales de la mano de la infantería. Por el otro, está la profunda corriente de lucha que ha emergido con Kraft, que exige poner en pie una alternativa propia de los trabajadores.

Marcelo Ramal

Kraft - Terrabusi

Represión por cuenta y orden de la Embajada norteamericana

El 26 de septiembre, de madrugada, 18 carros de asalto con sus efectivos y dos transportes se instalaron en el interior de la planta de Kraft, cercando militarmente al turno en huelga, unos 400 compañeros en ese momento. Se iniciaba un lock-out armado para preparar el desalojo violento de los delegados y despedidos que hacían permanencia en el interior de la planta.

Antes de eso, una y otra vez, los compañeros superaron los intentos de quebrar la huelga por presión de los capataces o “líderes” y de la burocracia de Daer, lo que fue transformando a Kraft en una de las grandes gestas del movimiento obrero: sólo pudo ser quebrada por la Infantería y la Gendarmería de los Kirchner y de Scioli.

Embajada, gobierno y burocracia

Los Kirchner reprimieron muchas huelgas, pero por primera vez lo hicieron por cuenta y orden de la Embajada norteamericana. La Copal y la UIA exigieron al gobierno terminar con las vacilaciones frente a la “agitación fabril”.

Pero no se trató de un operativo fácil para el gobierno a partir del lugar ganado por la huelga en la situación política nacional. El kirchnerismo puso varias condiciones y atravesó varias disputas políticas internas antes de actuar.

Aníbal Fernández exigió a Scioli intervenir y éste, a su vez, hizo acompañar a las tropas por la Secretaría de Derechos Humanos, lo que resultó novedoso como cobertura de semejante acción “filantrópica” por parte de la Infantería. Pero esto no le bastó a Scioli, quien pidió que el Ministerio nacional acompañara también la acción, de manera que los “derechos humanos” y los “derechos de los trabajadores” fueron defendidos a palos, gases y balas, con el método de que todos dejaran las huellas dactilares para evitar facturas futuras.

Una salida “duradera”

La salida “duradera” –pedida por la representante de Obama– que urdió el gobierno es una truchada: todos los compañeros afuera y media interna despedida. Luego de cinco horas de reunión, el Ministerio de Trabajo produjo una resolución que no fue firmada ni por la patronal ni por el sindicato, ni por la comisión interna, en la que insta a la patronal a considerar “caso por caso” los 86 despidos (con causa, sin indemnización), a “rever” las 36 suspensiones, a pagar los salarios y a aceptar el ingreso a planta de la Comisión Interna. La empresa planteó su rechazo al ingreso de cinco miembros y su permanencia fuera de la planta con pago de salarios hasta que la Justicia determine su responsabilidad en los hechos que le impute la patronal.

Los delegados han planteado la revisión “caso por caso” con su presencia y el ingreso incondicional de la Comisión Interna. Dentro de la planta, la tensión es enorme, a la patronal le está costando poner las líneas en producción –y no sólo por razones técnicas. Se discute la organización de un gran acampe de delegados, cesantes y organizaciones solidarias en la puerta de Kraft, que sea un centro de agitación y organización. Varias comisiones de solidaridad, lejos de desbaratarse, discuten nuevas acciones de lucha. Llamamos a redoblar la movilización por el retiro de la policía de la planta, la reincorporación de todos los despedidos, el ingreso de la Comisión Interna a fábrica y el reconocimiento pleno de los delegados.

Salta- La elección del PO

Cuatro bancas para la lucha

La prensa nacional presentó como una gran victoria de Urtubey el resultado de las elecciones parlamentarias y municipales que se concretaron en la provincia el domingo pasado. Pero para esto sumaron los votos del PJ del gobernador con los de las listas de una fracción del Partido Renovador y del Frente para la Victoria, aliados del oficialismo. Urtubey no superó de conjunto el 30% de los votos y sólo obtuvo el 24% en la capital de la provincia. La otra lista del ex gobernador menemista, Romero, le pisó aquí los talones con el 23% del total de los votos. Por eso Urtubey obtuvo sólo tres de los diez diputados que se elegían en la Capital, igual que los que consiguieron los romeristas. Las restantes quedaron para una tercera lista pejotista, para otra fracción del PRS, que está en completo retroceso y para el Acuerdo Cívico, un frente de sojeros y hombres vinculados a la Iglesia que posan de centroizquierdistas. Nuestro Partido Obrero consiguió mantener un diputado con una gran elección, en cuarto lugar y con el 9% de los votos. El sojero y latifundista Olmedo que amenazaba con ser la gran novedad política, cosechó una votación marginal.

Urtubey, por lo tanto, no pudo remontar la dispersión del voto y la elección registró la fragmentación de las camarillas del PJ que marcharon por separado. Los votos pejotistas no pueden sumarse como expresión de un fenómeno común. Queda planteada la posibilidad de que esta división se supere mediante un pacto Urtubey-Romero, como reclamó recientemente don Duhalde para que el actual gobernador pueda ser “presidenciable” en 2011, fecha en que el caudillo lomense estima que el PJ será... derrotado. Para semejante empresa sin futuro Urtubey debiera terminar sus idas y vueltas con el kirchnerismo y dejar en el camino a actuales aliados; es decir, debiera pasar por una crisis en su propio gobierno. Por lo pronto, se ha lanzado a conquistar a las patronales que hicieron su agosto con Romero anunciando beneficios a las cámaras sojeras y madereras, reprimiendo a los movimientos reivindicativos, como el de los desocupados en Aguaray, anunciando la privatización del gerenciamiento del Hospital de Niños, entre otras linduras. Los condimentos de una crisis política provincial tienen un carácter más amplio si se tiene en cuenta el derrumbe de la votación del PRS, que fue durante mucho tiempo la segunda fuerza política provincial y ahora se encuentran en proceso de disolución.

Nuestros resultados

La campaña del PO opuso a las camarillas patronales de Romero y Urtubey un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. Agitamos el proyecto de ley de nuestra bancada para que los grandes terratenientes paguen impuestos conforme al valor de mercado de sus tierras (hoy pagan a valores de hace 20 años atrás). Mediante una intensa actividad, con nuestro 9% en la capital conquistamos dos puestos en el Concejo Deliberante, además de la diputación provincial. Sumamos, además, un nuevo concejal en Mosconi con el 10% de los votos. También llegamos al 9% en Colonia Santa Rosa y obtuvimos el 7,5% en Irigoyen y en El Bordo, en el departamento Güemes. En Tartagal también hicimos una muy buena votación y por apenas 80 votos quedamos sin ingresar al Concejo. Quebramos así la campaña de provocaciones que se montó allí contra nosotros: en plena veda, se distribuyeron no menos de diez mil cartas firmadas por un militante que se fue hace más de un año y medio del PO de Tartagal, atacando al partido con una serie de mentiras y canalladas sobre supuestos actos de corrupción. Las votaciones municipales del PO deben valorarse frente a la “victoria” de los intendentes que casi siempre apelaron a varias listas, sumando bancas con distintas “colectoras”.

En la Capital tuvimos un crecimiento muy importante con relación a 2007, cuando apenas superamos el 5% y, ahora, enfrentando la campaña del Acuerdo Cívico, con una inusitada presencia en los medios, concebida para oponer el “progresismo” al PO y que habría contado con generoso financiamiento del romerismo. Con este resultado, mantenemos la presencia en diputados, con el ingreso del compañero Claudio Del Plá y duplicamos la presencia en el concejo con Gabriela Cerrano y Norma Colpari. Estas bancas, más la conquistada en Mosconi con el ingreso de Favio Paz, serán una herramienta fundamental de los trabajadores para enfrentar la política de ajuste que el gobierno intentará descargar, tal como lo explicamos en la campaña electoral. En esta nueva etapa que se abre, los desafíos que tenemos son enormes y la campaña ha mostrado que tenemos con qué asumirlo. La tarea de los simpatizantes y militantes que actuaron en la campaña y en la fiscalización ha sido extraordinaria y abren una perspectiva de desarrollo.

Adelante compañeros.

Claudio Del Plá