miércoles, 22 de octubre de 2008

SALVAR AL CAPITAL O DEFENDER A LOS TRABAJADORES

El valor de los capitales de los grandes pulpos bancarios e industriales se ha caído en picada.

Los bancos en Estados Unidos han perdido el 66% de su valor en un año.

General Motors, el 90% de su valor; General Electric, el 50%; Tenaris, el 70% en cuatro meses; son apenas una muestra de una realidad generalizada.

Han quedado en esta situación como consecuencia de la caída de su expectativa de beneficios, por un lado, y de su endeudamiento extraordinario, por el otro.

Ahora reclaman fondos del Estado para salir de su estado de bancarrota, pero ningún estado del planeta tiene los medios financieros para salvar al capital en su conjunto.

Aun así, el gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, ya ha comprometido billones de dólares para asistir a sus grupos más poderosos, dinero que dejará de ir a los gastos sociales y obligará a un endeudamiento colosal del Estado.

Pero para el rescate del conjunto del capital el dinero no alcanza, la única salida son las suspensiones y despidos de trabajadores de sus empresas; la reducción de los salarios, sea por vía directa o por medio de la hiperinflación; el incumplimiento de las promesas de pagar las jubilaciones en función de los aportes efectuados; el despojo de los ahorristas; el achicamiento de los presupuestos de salud y educación; el desalojo de millones de personas de sus viviendas, sea porque no pueden pagar el alquiler o la hipoteca de su propiedad.

El rescate del capital plantea la emergencia de nuevas guerras y el pillaje de los pueblos.

¿Pero no hay otra salida?

Absolutamente sí.

Si el capital no puede mantener en producción la gigantesca maquinaria que ha creado la humanidad, debido a la anarquía de su organización social y al afán incesante de lucro de los capitalistas, los trabajadores debemos hacernos cargo de esa maquinaria, para ponerla al servicio de las necesidades de la mayoría.

Los Kirchner han asumido la responsabilidad de rescatar al pulpo Techint (Tenaris) o a las automotrices o al capital sojero, que mira impotente la caída del precio internacional de la soja.

Para proceder a ese rescate prepara la devaluación del peso, lo que ocasionará mayores miserias para los trabajadores.

Los K ya permitieron la salida de 23.000 millones de dólares en poco más de un año, sin recibir la menor reprimenda de los Buzzi, Carrió o Macri; siguen ofreciendo subsidios a los empresarios, que luego desvían ese dinero hacia la fuga de dólares.

Con la devaluación del peso buscan desvalorizar los salarios y las jubilaciones, y propinar un nuevo golpe a lo que resta de los ahorros depositados en los bancos.

Los secundan en esa labor la totalidad de los partidos patronales, sean de derecha o de centroizquierda, y hasta han logrado que comiencen a colaborar la Unión Industrial y la Mesa de Enlace sojera.

Pero hay otra salida: nacionalizar los bancos y el comercio exterior; establecer el control de cambios; prohibir suspensiones y despidos y repartir las horas de trabajo; terminar con el saqueo de la deuda externa; aumentar de inmediato los salarios y las jubilaciones.

Con este programa podemos unir a los trabajadores de toda América Latina, y convertir a los peligros que vienen de la crisis en los países vecinos en un factor de colaboración entre nuestras clases obreras y campesinas.

viernes, 10 de octubre de 2008

PODEMOS PARAR ESTE DERRUMBE

El mito kirchnerista de que la Argentina capitalista podía zafar de la crisis capitalista mundial se ha caído más rápido que las Bolsas y los bancos.

El principal responsable de la veloz irrupción de la crisis es el propio gobierno de la familia Kirchner, que permitió la salida de 23.000 millones de dólares en el último año, y que sigue rifando alegremente las reservas monetarias en beneficio de los banqueros y capitalistas.

En apenas 24 horas el peso ha sufrido una enorme devaluación.

Esto producirá alegría en las filas de la Mesa de Enlace de la soja, en la izquierda campestre de los Lozano, la CCC y Ripoll, y en la Unión Industrial, pero provocará enormes penurias a los trabajadores.

El derrumbe monetario puede llevar a otra crisis como la de 2001 y a una hiperinflación; el Banco Central es impotente para frenarlas porque ha hipotecado sus reservas con deudas con la banca privada y con la venta de dólares a futuro.

Hay, sin embargo, una salida.

1. Nacionalizar la banca y poner a los bancos estatales bajo control de los trabajadores, para impedir la salida de reservas y de capitales, y para usar los recursos financieros en función de los intereses nacionales.

2. Nacionalizar el comercio exterior para que las divisas ingresen efectivamente al país, y no que queden en las cuentas de los monopolios en el exterior, como viene ocurriendo.

3. Cesar el pago de la deuda externa usuraria, en circunstancias en que los banqueros y capitalistas de todo el mundo dejan de pagar sus deudas y piden el socorro de los Estados

4. Prohibir suspensiones y despidos, y repartir las horas de trabajo sin afectar el salario donde haya caído la producción, y formar comités obreros para planificar la reconversión de las industrias donde sea necesario.

5. Reabrir las paritarias para discutir salarios y condiciones de trabajo, en especial ahora que hay una amenaza hiperinflacionaria; las paritarias deberían servir también para discutir las condiciones industriales y plantear una salida obrera.

6. Por la convocatoria a un congreso de trabajadores, de parte de la CGT y la CTA, para discutir un plan económico que haga frente al derrumbe capitalista, y por un plan de lucha.

El desarrollo de la crisis capitalista y la manifiesta incapacidad del matrimonio gobernante y de su camarilla para hacerle frente desatarán, con seguridad, una crisis política.

Llamamos a los trabajadores a reunirnos como alternativa con base a este programa, para dar paso a una salida obrera y socialista.

domingo, 5 de octubre de 2008

UN PROGRAMA FRENTE A LA CRISIS

Cualquiera puede ver en los diarios que la crisis financiera mundial se ha transformado en una crisis social y política.

Como ocurrió con Alfonsín en 1989, Bush ha perdido su capacidad de gobierno y hasta es posible que deba adelantar la transmisión del mando.

La televisión ha comenzado a mostrar las primeras manifestaciones de repudio popular al rescate de los banqueros, mientras crecen los despidos en las empresas y los desalojos de las viviendas.

Las jubilaciones se encuentran en peligro, porque las AFJP norteamericanas tienen metido el dinero en los bonos basura que vendieron los especuladores internacionales.

En nuestras tierras, los gobernantes dicen que no debemos inquietarnos, como si lo que hubiéramos vivido hasta ahora estuviera exento de inquietudes.

Pero sea como fuere, la Presidenta ha decidido hacer lo mismo que Bush: rescatar a los banqueros a costa de los contribuyentes y de los trabajadores.

Paga al Club de París y a los banqueros que se disfrazan de bonistas, y hasta ofrece un nuevo canje de deuda que, por la misma crisis, representará una mayor carga financiera.

Por otro lado, manda una movilidad jubilatoria que no es tal porque parte de un piso muy bajo, por la falta de ajustes en los últimos años y porque condiciona las jubilaciones a la recaudación -exactamente como la hacía la ley de Solidaridad Previsional de Cavallo.
La Presidenta dice que estamos blindados frente a la crisis, pero los precios de las exportaciones caen y, por este motivo, los sojeros reclaman la devaluación de la moneda -la cual pagaremos los consumidores con mayor inflación.

La Presidenta, de nuevo, dice que tenemos sólidas relaciones internacionales, pero lo cierto es que Brasil se sacude por la crisis mundial, debido al gran endeudamiento que sus capitalistas y el Estado han contraído en los últimos años.

Como lo hizo De la Rúa en 2001, la Presidenta busca apaciguar al pueblo, mientras los capitalistas, a sabiendas de ella, han fugado 20.000 millones de dólares en el último año.
La salida de capitales financia el salvataje de los bancos en quiebra en Estados Unidos y Europa.

Una vez más, los capitalistas y sus políticos están tomando sus recaudos, mientras mandan al pueblo al matadero de una crisis capitalista sin precedentes.

Para hacer frente a la situación necesitamos un programa, lo cual significa, en definitiva, una alternativa popular al derrumbe capitalista.

En primer lugar, es necesario detener la sangría financiera y concentrar los ahorros nacionales para un programa de industrialización, trabajo y empleo; es necesario entonces nacionalizar sin pago el sistema bancario y establecer el monopolio estatal del comercio exterior.

En segundo lugar, es necesario prohibir cualquier suspensión o despido, establecer un aumento general de salarios y jubilaciones y reabrir las paritarias.

El hundimiento del mercado externo debe ser contrabalanceado con una vigorosa reactivación interna, para los cual es necesario nacionalizar las armadurías para construir industrias reales, por ejemplo en telecomunicaciones, ferrocarriles y automotriz.

En oposición a la sumisión de los políticos y del gobierno a los planes de rescate de los acreedores internacionales y de los banqueros, es necesario un congreso económico y político, que deberían convocar la CGT y la CTA, para elaborar un plan de emergencia a cargo de los trabajadores.

En definitiva, ante el proceso de movilización popular que recorre América Latina, debemos llamar a la unidad de los obreros y campesinos frente a la crisis, para impulsar la unidad de América Latina en una perspectiva socialista.